1/10/2016, Santa Teresa de Lisieaux

Lectura de la profecía de Isaías (66,10-14c)
Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto; mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos, y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes. Porque así dice el Señor: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones. Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán; como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo, y en Jerusalén seréis consolados. Al verlo se alegrará vuestro corazón y vuestros huesos florecerán como un prado; la mano del Señor se manifestará a sus siervos.
Salmo responsorial (Sal 130,1.2.3)
R. Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.
Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad.
R.
Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.
R.
Espere Israel en el Señor ahora y por siempre. R.
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,1-4)

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: -«¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: -«Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.»

1 octubre 2016. Santa Teresa de Lisieaux – Puntos de oración

Hoy nos va a ayudar a orar la joven doctora de la Iglesia Teresa del Niño Jesús. Ella es también adalid, modelo y protectora nuestra, según el deseo del P. Morales. Es también el XXII aniversario de su partida al cielo, por lo que damos gracias a Dios por la vida de nuestro fundador, por ser instrumento de Dios para impulsarnos a la santidad. Comenta el Padre que santa Teresita “realiza el mayor invento, el más sublime descubrimiento: santidad sencilla por caminito de abandono y confianza”. Es el camino de la infancia espiritual, que nuestra santa encuentra en la Palabra de Dios que hoy se nos propone en la Eucaristía: “El que se haga pequeño como este niño…”
Nuestro afán de santidad es muchas veces un deseo de ser grandes en el Reino de los cielos por nuestros propios méritos, virtudes y hazañas realizadas. Teresa de Lisieaux elige el camino contrario, hacerse pequeña: “Lo que le agrada a Dios en mi pobre alma, lo que le agrada, es verme amar mi pequeñez y mi pobreza, es la esperanza ciega que tengo en su misericordia... Este es mi único tesoro… Mantengámonos, pues, muy lejos de todo lo que brilla, amemos nuestra pequeñez, deseemos no sentir nada. Entonces seremos pobres de espíritu y Jesús irá a buscarnos, por lejos que nos encontremos, y nos transformará en llamas de amor...”
Precisamente lo que nos humilla, que es vernos pobres y llenos de miserias, el constatar que el ideal de la santidad está más allá de nuestras fuerzas, es lo que Teresita consideró como la gran oportunidad de confiar y esperarlo todo del amor misericordioso de Dios. “La sencillez, la infancia espiritual, el abandono filial: aquí está el atajo”, comenta el P. Morales sobre el hallazgo que hizo la santa en la Palabra de Dios.
Un aspecto concreto y muy práctico que ella vivió es que no se desanimaba al ver su pobreza y debilidad, sino que sacaba partido de todo para avanzar en el amor. Era muy positiva porque todo lo veía desde el gran amor que Dios nos tiene. Diríamos que vivía la “espiritualidad de las miserias”, como reflejan estas palabras suyas, en las que nos cuenta cómo preparaba su encuentro con Jesús en la Comunión y cómo reaccionaba al ver sus distracciones y el sueño que le invadía durante la acción de gracias:
“Me imagino a mi alma como un terreno libre, y pido a la Santísima Virgen que quite los escombros que pudieran impedirle esa libertad. Luego le suplico que monte ella una gran tienda digna del cielo y que la adorne con sus propias galas. Después invito a todos los ángeles y santos a que vengan a dar un magnífico concierto. Y cuando Jesús baja a mi corazón, me parece que está contento de verse tan bien recibido, y yo estoy contenta también…
Pero todo esto no impide que las distracciones y el sueño vengan a visitarme. Pero al terminar la acción de gracias y ver que la he hecho tan mal, tomo la resolución de vivir todo el día en una continua acción de gracias…
Ya ves, Madre querida, que Dios está muy lejos de llevarme por el camino del temor. Sé encontrar siempre la forma de ser feliz y de aprovecharme de mis miserias… Y estoy segura de que eso no le disgusta a Jesús, pues él mismo parece animarme a seguir por ese camino…”

Su pequeñez la hacía pedir ayuda a la Virgen para disponer su alma para recibir a Cristo. Sin duda que salía ganando obrando así. Y luego transformaba sus miserias en ocasiones para amar a Jesús. Piensa un momento en tus fallos, tus debilidades no pactadas, y pregúntate cómo “aprovecharte” de ellas para aumentar en humildad, en confianza y en amor. Pídele ayuda a santa Teresa del Niño Jesús para aprender a “encontrar siempre la forma de ser feliz”. Esto sucede cuando vemos las cosas y a nosotros mismos con los ojos misericordiosos de nuestro Padre del cielo.

30/9/2016, Viernes de la XXVI semana de Tiempo Ordinario – San Jerónimo

Lectura del libro de Job (38, 1. 12-21; 40, 3-5)
El Señor habló a Job desde la tormenta: « ¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora, para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados, para que la transforme como arcilla bajo el sello y la tiña como la ropa; para que les niegue la luz a los malvados y se quiebre el brazo sublevado? ¿Has entrado por los hontanares del mar o paseado por la hondura del océano? ¿Te han enseñado las puertas de la muerte o has visto los portales de las sombras? ¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo. ¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas? ¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa? Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años.» Job respondió al Señor: «Me siento pequeño, ¿qué replicaré? Me taparé la boca con la mano; he hablado una vez, y no insistiré, dos veces, y no añadiré nada.»
Salmo responsorial (Sal 138, 1-3. 7-8. 9-10. 13-14ab)
R. Guíame, Señor, por el camino eterno.
Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos; distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. 
R.
¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. 
R.
Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha. 
R.
Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (10, 13-16)

En aquel tiempo, dijo Jesús: -« ¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado. »

30 septiembre 2016. Viernes de la XXVI semana de Tiempo Ordinario – San Jerónimo – Puntos de oración

Cuando leo el salmo 138, no puedo dejar de recordar a un “hombre de Dios” que ya disfruta del “rostro del Padre”. Al leer Señor, tú me sondeas y me conoces quedaba como “extasiado”, desde fuera uno percibía que algo profundo estaba ocurriendo allí. A medida que explicaba el salmo los ojos empezaban a brillar y a humedecerse. No había duda que hablaba desde el corazón, que intentaba trasmitir la vivencia más profunda que albergaba en su interior.
Me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos”. Aquel hombre, había caído en la cuenta que en lo más profundo de nosotros, habita Dios. Él  nos conoce más profundamente que nosotros mismos: todas mis sendas te son familiares”. Con estos sentimientos, solo hay una opción en la vida: vivir en la verdad.
El  evangelio de Lucas de hoy, es una parte del capítulo 10, encuadrado a su  vez en el contexto de las enseñanzas que da  Jesús a sus discípulos, para prepararles al apostolado. El hombre de aquella época, como el de hoy,  vivía «dentro de sí el drama de no aceptar la salvación de Dios», porque querría «salvarse a su modo». Y Jesús llega incluso a llorar por esta «resistencia» del hombre, volviendo a proponer siempre su misericordia y su perdón.
En este pasaje del Evangelio se presenta a un Jesús que «parece algo enojado». Y «habla a esta gente para hacerla razonar», diciendo: «Si en las ciudades paganas se hubieran hecho los milagros que se hicieron entre vosotros, se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Y vosotros, no». Así, Jesús hace como un resumen de toda la historia de la salvación, remarcando el drama de no querer ser salvados;  el drama de no aceptar la salvación de Dios. Como si los hombres le dijeran: «Sálvanos, Señor, pero a nuestro modo».
¡Qué absurdo, buscar la salvación fuera del camino que nos propone quien nos ha creado y quien nos conoce mejor que nosotros mismos!, como nos enseña el salmo. 
Tan absurdo como el comportamiento de aquel personaje que nos cuenta Unamuno, en su novela Niebla: Augusto Pérez. Aquel personaje va a visitar al propio Unamuno, para pedirle que le borre de la novela, quiere ser libre y no moverse a las órdenes de un guion. En su delirio, llega a plantearse hasta la posibilidad de matar al propio autor.
Unamuno se irrita con Augusto y le aparta de su lado, Dios tiene una infinita paciencia con cada uno de nosotros. Si escalo el cielo, allí estás tú”; Nos espera en cada recodo del camino. Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha.” Nos ama con ese amor de madre, que como dice la canción: “Y una madre no se cansa de esperar”.

Acabemos estas reflexiones con un coloquio con Jesús.  San Ignacio nos lo precisa: “el coloquio se hace, propiamente hablando, así como un amigo habla a otro, o un siervo a su señor: cuándo pidiendo alguna gracia, cuándo culpándose por algún mal hecho, cuándo comunicando sus cosas y queriendo consejo en ellas. Y decir un Pater noster”.

29/09/2016, Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

Lectura de la profecía de Daniel (7, 9-10. 13-14)
Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.
Salmo responsorial (Sal 137, 1-2a. 2b-3. 4-5. 7c-8)
R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. 
R.
Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. 
R.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. 
R.
Lectura del santo evangelio según san Juan (1, 47-51)

En aquel tiempo, vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: -«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. » Natanael le contesta: -«¿De qué me conoces?» Jesús le responde: -«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: -«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: -«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: -«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

29 septiembre 2016. Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael – Puntos de oración

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. Celebrar esta fiesta nos ayuda a no olvidar el mundo de lo sobrenatural. Un mundo que no por ser invisible, es menos real. Tan real como las ondas de un horno microondas o el wifi del ordenador. Realidades invisibles pero que actúan, son eficaces y que nos configuran la vida. Así pasa también con el mundo sobrenatural, el que habitan los ángeles.
La Sagrada Escritura revela misiones singulares para cada uno de ellos. Es decir, que no son seres impersonales, son seres espirituales con nombre propio y carácter definido.
Miguel significa ¿Quién como Dios?. Es el que encabeza la defensa de los planes de Dios frente a la rebelión de la soberbia, la rebelión de los ángeles que se negaron a servir al Hijo de Dios hecho hombre. Es el defensor fiel de la dignidad divina, el defensor de Dios y de su reino, es decir, la Iglesia, nosotros. Por eso se le representa dominando al dragón, símbolo del demonio, enemigo de Dios y de su obra y, por tanto, del hombre. Miguel nos defiende de las acechanzas del demonio. Que no lo veamos o sintamos no quiere decir que no exista o que no podamos sentir los efectos de su protección. Como ocurre con el sistema inmunitario de nuestro organismo, que no lo sentimos ni percibimos y que sin embargo nos está protegiendo constantemente de los procesos infecciosos y de los gérmenes que nos rodean. Sin un sistema inmunitario fuerte no estaríamos protegidos frente al medio exterior.
Gabriel, mensajero de Dios, anunció a la Virgen María el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y su maternidad divina. Embajador real que goza de la plena confianza de Dios, que fue enviado para hablar en Su nombre e iniciar los tiempos mesiánicos. Es el ángel que irrumpe en la vida cotidiana de la humanidad, en una escueta visita, a una humilde doncella, en una aldea de Galilea llamada Nazaret.
Rafael, medicina de Dios, compañero de camino de la Iglesia que peregrina por este mundo. Acompañante, bálsamo,  consejero. Es fiel reflejo de la bondad de Dios que nos acompaña todos los días de nuestra vida.
Estos son los tres Arcángeles que guían y velan por la Iglesia: protegiéndola de las acechanzas del maligno, anunciando la palabra de Dios, haciéndonos partícipes de Su voluntad, y acompañándonos y fortaleciéndonos a lo largo del camino.

Esta es la realidad sobrenatural de la que nos gozamos y celebramos hoy. Esta es la realidad que nos hace vivir confiados y serenos en la seguridad de que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Nos lo ha dicho el Señor, así como también: -«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

28/9/2016, Miércoles de la XXVI semana de Tiempo Ordinario – San Wenceslao

Lectura del libro de Job (9, 1-12. 14-16)
Respondió Job a sus amigos: «Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo frente a Dios. Si Dios se digna pleitear con él, él no podrá rebatirle de mil razones una. ¿Quién, fuerte o sabio, le resiste y queda ileso? Él desplaza las montañas sin que se advierta y las vuelca con su cólera; estremece la tierra en sus cimientos, y sus columnas retiemblan; manda al sol que no brille y guarda bajo sello las estrellas; él solo despliega los cielos y camina sobre la espalda del mar; creó la Osa y Orión, las Pléyades y las Cámaras del Sur; hace prodigios insondables, maravillas sin cuento. Si cruza junto a mí, no puedo verlo, pasa rozándome, y no lo siento; si coge una presa, ¿quién se la quitará?; ¿quién le reclamará: "Qué estás haciendo'? Cuánto menos podré yo replicarle o escoger argumentos contra él. Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta, tendría que suplicar a mi adversario; aunque lo citara y me respondiera, no creo que me hiciera caso.
Salmo responsorial (Sal 87, l0bc 11. 12-13. 14-15)
R. Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
Todo el día te estoy invocando, tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos? ¿Se alzarán las sombras para darte gracias? 
R.
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia, o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla, o tu justicia en el país del olvido? 
R.
Pero yo te pido auxilio, por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas y me escondes tu rostro? 
R.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9, 57-62)

En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: -«Te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: -«Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» A otro le dijo: -«Sígueme.» Él respondió: -«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: -«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios. » Otro le dijo: -«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia. » Jesús le contestó: -«El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»

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